Vinculación de apego

Vinculación de apego

Siempre se ha dicho que el amor de madre es único y que es una relación especial, diferente y además, en la actualidad se puede afirmar que este tipo de relación, llamada vinculación de apego tiene una importancia vital en nuestro desarrollo.

Cuando se está embarazada y se inicia el proceso de creación de esa nueva vida suceden infinidad de procesos increíbles en el cuerpo para generar un nuevo ser humano. Durante este proceso existen muchísimos factores que influyen en un buen desarrollo como también los que pueden interferir en él.

Durante muchos años en psicología se contemplaba que se iniciaba la relación desde que la criatura nacía pero se sabe que debe iniciarse previamente la vinculación con el bebé de cara a realizar una mejor vinculación de apego seguro. Igual que antiguamente nada más nacer se separaba a la cría para pesarla, limpiarla y demás y ahora sería totalmente impensable ya que se promueve el contacto piel con piel directamente a nivel de la psicología también se va ampliando el conocimiento e importancia de una buena relación.

Si somos conscientes de cómo se desarrolla el cerebro durante la fase gestacional como también durante los primeros años, el cómo este bebé es atendido no sólo con sus necesidades fisiológicas como también afectivas, esto le ayudará a comprender el funcionamiento del mundo, de las personas y del entorno en el que vive.

En función del tipo de interacción y pautas de atención que la figura del cuidador principal (y no es necesariamente la figura de la madre aunque estadísticamente suele ser lo más frecuente) se pueden establecer diferentes estilos de apego. Existe el tipo seguro, que por su propio nombre es el óptimo y el inseguro. Dentro de este último se establecen tipologías en función de la respuesta del bebé; siendo evitativo, ambivalente o desorganizado.

Se puede profundizar mucho sobre las tipologías pero lo importante es saber reconducir estas situaciones mientras la capacidad plástica del cerebro sea ultraplástica, es decir, a edades muy tempranas.

Cuando se estructura y comprende el funcionamiento del entorno como la interacción con las personas, se forma la base del funcionamiento futuro de esa personita; es decir, como se relacionará en un futuro con el resto de personas y con el propio entorno.

Si pensamos en una escena en la que la madre está atenta a las necesidades del bebé y las cubre adecuadamente, se forma un sistema de confianza y seguridad que permite una buena relación con las personas en el futuro. La relación inicial de dependencia y desprotección del bebé queda cubierta por la función de la madre por lo que la capacidad de confiar la propia vida a otras personas permite a la vez una confianza en uno mismo para un buen desarrollo, ya que existe un entorno de seguridad por si sucediera algo.

En cambio si nos imaginamos una madre que atiende las necesidades pero de forma intermitente, no siempre llegando a calmar esa necesidad o incluso en la que la madre transmite la propia preocupación por no calmar esa necesidad nos encontraremos con una respuesta muy diferente.

En este caso lo más probable es que la respuesta de este bebé sea de llanto sin calmarse tras antenderle ya que aunque se le atienda, la inestabilidad e inseguridad influye en la confianza con el entorno y la incomprensión de un patrón estable aumenta ese sentimiento de malestar.

Antes de nada, es importante decir que no hay madre que haga de forma consciente e intencionada un mal a su hijo y por desgracia, no existe una capacitación para desarrollar esta función tan importante. Existe un instinto e intuición con un marcado carácter biológico, aunque también es importante contemplar como con el carné de conducir, que es importante saber las cosas básicas para un buen desempeño.

Si tenemos en cuenta estos orígenes en nuestro desarrollo y como nos puede influir, pensemos en un futuro en el que la edad de tener relaciones no solo sociales sino también afectivas. Muy probablemente el tener un tipo u otro de apego influirá en como interaccionemos con las personas que nos rodeen, con mayor o menor confianza tanto en ellos como en nosotros mismos.

Por suerte los datos nos arrojan que sobre el 60% desarrolla un tipo de apego seguro, siendo así una persona con una buena confianza en sí mismo, el entorno y con resiliencia.

El resto del 40% nos indicará algún tipo de dificultad, cada una con su tipología más prevalente y con riesgo (no determinista) hacia algún tipo de problema o incluso patología.

El tipo de relaciones personales e íntimas se asemejará a nuestra manera de autoregularnos, es decir, de cómo cuando aprendimos a entender cómo funciona el mundo en relación con uno mismo. No significa que aquellas personas que tengan un tipo de apego seguro no puedan tener dificultades en sus relaciones, ni mucho menos, pero en su organismo se ha aprendido y consolidado un estilo de interaccionar, y por lo tanto se establecen patrones de funcionamiento estables, más resilientes y con una capacidad de afrontamiento de una manera más resolutiva y adaptativa.

Siempre habrán dificultades en la vida pero como aprendimos a hacerle frente y a regular el propio malestar influirá notablemente en la futura interacción. Por ello es tan importante dar prioridad al estado tanto físico como psicológico de la persona cuidadora de una criatura, para asegurar un correcto desarrollo a todos los niveles.

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