¿Realmente somos victimas de nuestras emociones?

¿Realmente somos victimas de nuestras emociones?

Las emociones son un elemento clave en la vida de cada uno de nosotros, podríamos incluso decir que son el rumbo de la vida, ya que nos impulsan a movernos, guiando nuestro comportamiento y nuestras decisiones.

En psicología están definidas como un complejo conjunto de sensaciones que resultan en cambios fisiológicos y que influencian nuestros pensamientos y nuestra conducta.
A lo largo de los años muchas teorías han sido propuestas para explicar las emociones.
Según la teoría evolutiva propuesta por el naturalista Charles Darwin las emociones existen porque sirven un rol adaptativo y han sido interpretadas como una programación evolutiva que nos ayuda a lidiar de manera rápida y eficaz con nuestro entorno, aumentando así las probabilidades de seguridad y sobrevivencia. Por ejemplo, ser capaz de reconocer y interpretar de manera adecuada las emociones de los demás y de los animales nos permite contestar y interactuar con nuestro entorno correctamente.

La teoría de las emociones de James-Lange sugiere que las emociones sean el resultado de las reacciones fisiológicas a los eventos, es decir por ejemplo: nos sentimos asustados porque notamos que estamos temblando y no al revés. Walter Cannon disintió de esta interpretación y, junto con el fisiólogo Philip Bard, en los años treinta propuso otra teoría que explica como sentimos una emoción y a la vez tenemos la experiencia de los cambios fisiológicos que pasan en nuestro cuerpo, como temblar, tensarnos y sudar. Esto implica que la experiencia fisiológica y la psicológica pasan simultáneamente y que una no produce la otra.

La teoría Schachter-Singer, también conocida como teoría de los dos factores, junta las teorías de James-Lange y de Cannon-Bard proponiendo que primero ocurre la activación fisiológica y después la persona tiene que interpretar dicha activación y encontrarle un significado. A la vez pero sugiere que la misma activación fisiológica pueda generar diferentes emociones dependiendo del contexto. Por ejemplo, es sabido que las mismas sensaciones físicas como el corazón acelerado, las palpitaciones y los sudores puedan generar en el individuo ansiedad o excitación a segunda del contexto en que la persona se encuentra. Por ejemplo, este patrón de sensaciones físicas durante un exámen con mucha probabilidad genera ansiedad, mientras que durante una cita tiene más probabilidad de ser interpretado como atracción y entusiasmo.

Otra teoría que soporta las teorías de Darwin y de James-Lange es la de la retroalimentación facial de las emociones que propone que las respuestas fisiológicas tienen un impacto directo sobre las emociones que probamos. Los defensores de esta teoría sugieren que las emociones sean directamente relacionadas a los músculos faciales. A través de un experimento científico han podido probar que los sujetos que durante la prueba habían sido forzados a simular una sonrisa manteniendo entre los dientes un lápiz reportaban un nivel mayor de sentimientos positivos que los que habían sido forzados a simular una mueca (Davis et al.2009).

Todas estas teorías juntas parecen sugerir información contrastante entre ellas dejándonos dudosos y confundidos sobre cual sea la más verídica.

Además, nos dejan con una pregunta:

¿Construimos nuestras emociones partiendo de patrones de sensaciones puramente físicas o somos victimas de estos patrones que nos fuerzan a vivir determinadas emociones?

Encontrar una respuesta a esta pregunta es fundamental para nuestro bienestar, ya que las emociones y sus desregularizaciones están implicadas en el desarrollo de trastornos del estado de animo, como la depresión, la distimia o el trastorno bipolar pero también en trastornos relacionados con el estrés como la ansiedad, el trastorno obsesivo-compulsivo y el trastorno post-traumático de estrés.

En los últimos dos artículos he hablado sobre el funcionamiento del cerebro desde el enfoque del marco teórico del cerebro Bayesiano, exponiendo las teorías actualmente más influentes en el mundo de la neurociencia (ver referencias al final del articulo) para explicar como el cerebro construye nuestra realidad y como estos modelos de predicción sobre los eventos externos y internos a uno mismo definen nuestra experiencia consciente del mundo.

También he hablado de los automatismos y de todos los procesos que pasan a nivel subconsciente y que tienen un efecto directo sobre nuestra vida y lo que pensamos y creemos a nivel consciente.
En los primeros años de nuestra vida el cerebro es como una esponja: absorbe todo lo que pasa en nuestro entorno y poco a poco va construyendo su modelo del mundo basándose sobre la conducta de nuestros cuidadores, imitando y absorbiendo sus modelos del mundo.

Por ejemplo, si un niño se cae y sus cuidadores responden con una reacción de ansiedad y de susto exagerada el niño empezará a llorar desesperado. De manera análoga, si la misma situación, es decir una caída, provoca en los cuidadores o en la gente a su rededor una reacción más regulada y que transmite seguridad y tranquilidad, como una sonrisa, el niño imitará la misma emoción y, aunque tenga una respuesta instintiva al dolor, no caerá en un llanto exagerado. Esto quiere decir que, a pesar de que el daño a nivel físico debido a la caída sea igual, el cerebro construirá dos emociones diferentes.

Este aprendizaje que pasa durante los primeros años de nuestra vida irá definiendo las predicciones de nuestro cerebro y determinará de manera automática la construcción de las emociones que iremos viviendo a lo largo de la nuestra vida hasta que, una vez que seamos adultos conscientes, no adquirimos la responsabilidad de dudar, poner a prueba y retar dichas predicciones que construyen nuestra realidad, así como nuestras emociones.

Como explicado por la neurocientifica Lisa Feldman Barrett en sus publicaciones, después haber dedicado toda su carrera en estudiar los circuitos neurales de las emociones y haber llegado a proponer la teoría de las emociones construidas, el hecho de afirmar que las emociones dependen de nuestra interpretación y inferencia sobre las causas de sensaciones físicas no niega la existencia de automatismos (para profundizar podéis encontrar las referencias al final de este articulo).

Todos los cerebros animales crean conceptos y categorizan informaciones sensoriales que guían la acción de manera automática y obligada, fuera del control consciente. El piloto automático y el control consciente son dos modos diferentes en que el cerebro puede trabajar, no son dos sistemas cerebrales en conflicto. Entonces, para contestar a la pregunta que he presentado antes en este articulo, los humanos somos victima de estas inferencias automáticas aprendidas durante la infancia y que construyen nuestras emociones y a la vez responsables de dichas inferencia, ya que tenemos el poder de conscientemente retar, modificar y actualizar nuestros modelos, generando así emociones diferentes a pesar de las mismas sensaciones físicas.

Referencias:

Darwin, Charles (1872), The expression of the emotions in man and animals, London: John Murray.

“El cerebro emocional” de Joseph LeDoux – Editorial Planeta SA – ISBN 950-49-0271-5

Clark, A. (2013) Whatever next? Predictive brains, situated agents, and the future of cognitive science. Behav. Brain Sci. 36, 181–204

Craig, A.D. (2002) How do you feel? Interoception: the sense of the physiological condition of the body. Nat. Rev. Neurosci. 3, 655–666

Barrett, L. F. (2017). The theory of constructed emotion: An active inference account of interoception and categorization. Social Cognitive and Affective Neuroscience, doi: 10.1093/scan/nsw154.

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