La potencia de la meditación

La potencia de la meditación

En una realidad en constante evolución y cambiante, donde las tareas diarias se vuelven cada vez más numerosas es fácil entender como la mayoría de nosotros entramos en un estado de estrés y de agobio mental y físico.

La norma común de nuestra rutina diaria es:

Hacer siempre más cosas en menos tiempo. Vamos corriendo de un lado al otro para llegar a tiempo a todos los compromisos, pasamos de una tarea a otra; estamos hablando por teléfono con un cliente y mientras pensando en que cocinar por la noche, o todo lo que tenemos que hacer una vez salimos del trabajo y a la vez también estamos leyendo y controlando los mensajes o correos que nos han llegado.

Vivimos en la mejor época de la historia de los seres humanos, la podríamos llamar la época de la revolución tecnológica. Hay ordenadores que desarrollan muchas tareas haciéndonos ahorrar energía mental, máquinas que nos permiten tener una vida mucho más cómoda gracias a la tecnología y al desarrollo científico. Es posible curar enfermedades, el cáncer por ejemplo, que antes no podía ser curado y actualmente por lo menos es posible alargar la perspectiva de vida de una persona enferma.

La sociedad y la realidad exterior están evolucionando a un ritmo impresionante:

Cada semana se descubren nuevos hallazgos, salen actualizaciones de softwares, los sistemas se hacen cada vez más complejos y todo este desarrollo es maravilloso, pero también tiene un precio. Nuestro cerebro está sujeto a una continua estimulación, a una cantidad creciente de información que tiene que procesar e integrar. Sus modelos de interpretación de la realidad tienen que estar constantemente actualizados.

Llevamos un ritmo de vida frenético:

Cada vez más horas en la oficina trabajando, intentando estar al corriente de todo lo que está ocurriendo en el mundo. Con los avances que existen, intentamos desarrollarnos profesionalmente de la mejor manera posible, haciendo cursos de formación, esforzándonos para aumentar el número de clientes, etc.  También, tenemos que enfocarnos en cuidar nuestras relaciones personales, nuestra vida privada: marido, hijos, amigos, compañeros de trabajo. Parece como si todo nos exigiera siempre más. Nos esforzamos, pero la realidad es que no siempre podemos con todo. La mayoría del tiempo estamos, de hecho, proyectados hacia el exterior, cumpliendo con todos los deberes, ya sean profesionales o personales y a menudo nos olvidamos de nosotros mismos hasta que llega un punto en que nuestro cuerpo y nuestra mente nos piden atención.

No somos superhéroes, no somos infalibles, pero nos creemos como tales. Muchas mujeres sienten tanto el sentido de la responsabilidad que van a trabajar hasta el último mes de embarazo, o nos quedamos trabajando aunque tengamos gripe. Ignoramos las señales que nuestro cuerpo nos comunica, causados por el estrés, hasta tal punto, que se convierten en  situaciones patológicas. En este momento estamos obligados y forzados a poner atención a nuestra situación de agobio, que puede ser mental o puramente físico.

¿Cómo podemos, entonces, encontrar un equilibrio entre el mundo exterior y nuestro mundo interior? ¿Cómo podemos seguir mejorando en nuestra carrera profesional y en nuestras relaciones personales sin por ello olvidarnos de nosotros mismos?

Una técnica que existe hace muchísimos años en la cultura oriental y que en las últimas décadas está volviéndose más común y conocida en la sociedad occidental, es la de la meditación.  Existen muchos tipos diferentes de meditación, desde la mindfulness a la de compasión, de amabilidad, de concentración o de simple concienciación.

¿Pero, qué significa, realmente, meditar?

Sea cual sea el método de meditación que utilices, meditar siempre implica observar, pero sobretodo observarse.

A través de la meditación aprendemos a desempeñar el papel del observador, un observador imparcial y que no juzga lo observado: de esta manera podemos empezar de verdad a conocernos, a conocer cuales son nuestros patrones de pensamientos y de conducta, a conocer mejor nuestro cuerpo y a aprender a leer mejor sus señales.

Antes he hablado de cómo es maravilloso el nivel de evolución que hemos logrado, sin embargo también es verdad que cada vez más personas sufren enfermedades relacionadas con el estrés y con inestabilidad emocional, como por ejemplo la ansiedad o la depresión.

En este sentido, la meditación nos ayuda a volver a nosotros mismos: a empezar a cuidarnos más, a cuidar de nuestra estabilidad emocional y nuestro bienestar psicofísico.

Podemos parecer personas súper racionales y súper resistentes, los superhéroes de que hablaba antes; la verdad es que somos humanos y como seres humanos también tenemos debilidades.

Hay que aprender a aceptar también éste otro lado de la moneda, aprender a ser compasivos con nosotros mismos y con los demás; aprender a detectar cuando estamos manteniendo un diálogo interno negativo con nosotros mismos y tomar conciencia de cuándo nuestra mente está vagando y nos está distrayendo de la tarea actual. Nos ayudará a fluir más y a ser más productivos y ha estar menos estresados en nuestra vida diaria.

Los beneficios de la meditación se ven reflejados en todos los campos de nuestra vida: cuanto más conocemos los mecanismos de nuestra mente y aprendemos a reconocer sus patrones más tendremos control sobre ellos, cuanto más seamos conscientes de nuestras creencias limitantes más poder tendremos para superarlas, cuanto más entrenamos nuestra bondad y nuestra compasión, más nuestras relaciones, tanto profesionales como personales, se beneficiarán de ello.

Además, está científicamente probado que la práctica de la meditación ayuda a mantener un equilibrio emocional, ya que cuando meditamos no nos resistimos a las emociones reprimiéndolas, sino que las dejamos fluir, sin por ello permitirles tomar el control. Esto, también se refleja en mejoras de nuestro sistema inmunitario, de nuestras capacidades cognitivas y de nuestra situación de salud mental y física en general.

La meditación, contrariamente a cuanto se suele creer, no es una técnica practicada sólo para las personas más espirituales o las que padecen de un trastorno mental, ya que todos sufrimos el estrés. Es tal,  que ha sido nombrado “la enfermedad del siglo XXI”, y por lo tanto, todos nos podemos beneficiar de una práctica que nos ayuda a desarrollar una mejor gestión de ello.

Tampoco importa “no saber meditar”, ya que la meditación es un arte que se aprende practicando y intentándolo,  poco a poco se volverá algo natural y fácil. Solo hace falta ganas de estar siempre más a gusto con uno mismo y con los demás.

¡Namasté!

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