La mujer del siglo XXI

La mujer del siglo XXI

Hoy es el 44º día internacional de las mujeres, declarado por primera vez por la ONU en el 1975 y que desde entonces marca las reivindicaciones de la feminidad en la cultura occidental.

En este artículo no iré profundizando la historia pasada de la lucha feminista, me concentraré en la situación actual de las mujeres en el XXI siglo.

 

¿La paridad de género es todavía una ilusión?

A pesar de siglos y siglos de lucha y de reivindicación, las mujeres del siglo XXI todavía se ven sujetas a prejuicios y estereotipos sexistas.  Por ejemplo, si cogemos un libro escolar infantil las mujeres están poco representadas y confinadas a roles domésticos, pisoteando así la paridad sexista. Además, también la paridad salarial todavía se ve afectada por estos estereotipos sexistas, ya que según los datos estadísticos del Eurostat del 2017 la divergencia retributiva de género es del 39,3% en Europa.

Entre los factores que contribuyen a esta distancia salarial se encuentran:

  • Una menor probabilidad de promoción a cargas superiores (solo el 6% de los directores es una mujer).
  • Carga de tareas no retribuidas, como el cuidado de la casa y de la crianza de los hijos, más de lo que hacen los hombres.
  • Interrupciones de la carrera profesional que les lleva a pasar más tiempo fuera del mercado laboral.
  • Segregación en la instrucción y en el mercado laboral.
  • Discriminación retributiva que, aunque vedada, sigue afectando la diferencia salarial entre hombres y mujeres.

Asimismo, las mujeres siguen sujetas a discriminaciones subconscientes concernientes su sexualidad y su papel de mama.

 

¿En qué medida estas discriminaciones nos afectan?

Os pregunto: ¿Cuantas veces os habéis sentido incomodas a mostrar o hablar de vuestro cuerpo y a remarcar vuestras curvas por temor a los prejuicios? o por ejemplo ¿Habéis renunciado a hacer algo para proteger la imagen de buena madre o hija?

Las mujeres renunciamos continuamente, a veces también inconscientemente, a respetar nuestras necesidades y nuestra identidad por temor a ser juzgadas. No podemos ponernos aquel vestido que nos marca bien las curvas porque si no puede parecer que somos ¨superficiales¨, no podemos dejar los niños con la abuela por ir a cenar fuera o ir a una clase de baile porque si no ¨quizás piensen que no sea una buena madre¨.

Si es verdad que los prejuicios y los estereotipos nos afectan a todos, esto es particularmente verídico para las mujeres.  Además, muchas veces, somos nosotras mismas quien nos ponemos palos en las ruedas, juzgando todas aquellas mujeres que se atreven y luchan por romper estos prejuicios subconscientes.

Las mujeres han tenido que renunciar a sí mismas y someterse al machismo durante siglos y sus secuelas todavía se notan en la mente subconsciente de las mujer del XXI siglo.

 

¿Cómo podemos superar esta discriminación y liberarnos del peso de los prejuicios hacía las mujeres?

Todas las mujeres tienen que seguir tomando consciencia. Tenemos que tomar consciencia de todos aquellos limites subconscientes que dejamos que nos detengan, de todos aquellos prejuicios sociales y machistas que siguen afectando la manera en que vivimos nuestra identidad femenina.

No importa si somos trabajadoras, madres, abuelas, tías o hijas: todas tenemos el derecho de satisfacer nuestras necesidades  y respetar nuestra identidad, cumpliendo nuestros deseos y sueños a pesar de los juicios de los demás.

Hemos sido criadas con mensajes como “tienes que ser una buena niña”, “tienes que pensar siempre en los demás”, “cuida de la casa” ,  ” un día llegará un hombre a salvarte”. Estos son mensajes que nos han llegado sea directamente o de manera subliminal y están registrados en nuestra mente subconsciente, influenciando así nuestra conducta y pensamientos.

Hay que tomar consciencia de todos estos límites que nos imponemos y que impiden llegar a sentirnos realizadas y satisfechas  con nosotras mismas de verdad. Tenemos que seguir luchando como todas aquellas mujeres que nos han permitido llegar al siglo XXI pudiendo votar, expresar nuestras ideas, obtener promociones laborales, ponernos una falda y ganar el respeto de los hombres.

 

Estamos programadas para proteger, cuidar y evitar los juicios, pero cuál es el coste de este automatismo subconsciente? Olvidarnos de nosotras mismas.

Entonces a ti, mujer que estás leyendo este artículo, te pido que hoy hagas algo que de verdad te apetezca.

Aunque dejes descontentos los demás, por una vez no te detengas en hacer lo que provoca que todas las células de tu cuerpo bailen.

Ponte bella, ponte el vestido que te marca las curvas y mírate: siente tu belleza y tu poder femenino.

Vuelve a ti misma, acuérdate de vez en cuando de olvidarte tus roles sociales y de pensar en ti también. La vida es una y hay que vivirla con plenitud.

Enseñemos a nuestras hijas, hermanas, madres, amigas  a ser valientes, en lugar de a  ser perfectas. Que los prejuicios son inevitables, pero es nuestra responsabilidad vivir en la medida de nuestras expectativas y hacernos felices.

Creemos mujeres conscientes, libres, poderosas y valientes. Que sepan estar allí por los demás pero también por sigo mismas. Hay que empoderar a las otras mujeres, no tenerles envidia.  Hay que seguir luchando por la discriminación de género.

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