El Reloj del Corazón de los Treinta

Escrito por: Benjo Podlech

“La crisis de los treinta consiste en aprender a aceptar que no siempre el esfuerzo tiene la recompensa prometida”
-Denise Cebey Honorato

Esta asombrosa carta al director que fue enviada a EL PAIS en España, ha suscitado las más diversas reacciones entre las personas que estamos viviendo la década de los treinta años en el siglo XXI.

Reacciones de reconocimiento en dicha frase e incluso de cierta empatía y comprensión de una frustración silenciada en algún rincón muy interno, en los nuevos adultos que estamos atravesando esta curiosa edad.

En este artículo quiero desarrollar los elementos en común, para corroborar lo cierto que es esta frase. Y por otro lado, el fenómeno emergente de quienes no estamos, quizás en siglos, siguiendo los pasos de nuestros predecesores. Los puntos en común y los potenciales listos para tomar un lugar único en la década de los treinta.

Comencemos:

Much@s de nosotros, por no decir la mayoría, venimos de una fuerte influencia occidental, neoliberal, capitalista y en constante crisis social. Occidental comprendido como la prioridad de la razón cartesiana (aún sigue siendo normal, el valor de pensar antes de sentir), neoliberal en que el individualismo está sobre el colectivo, capitalista en la competencia exagerada para ganar un lugar en la sociedad, en el trabajo e incluso en el amor (tema para otro artículo). Y las constantes crisis post guerra fría, caída del muro de Berlin, el florecimiento exponencial de la tecnología, las manifestaciones sociales en varios puntos del mundo cuestionando la manera de gobernar, la pandemia, las medidas COVID, etc.

Somos hijos de la transición en que una era ya ha ido finalizando y muy lentamente están apareciendo nuevas formas. El patriarcado cuando nacimos ha ido perdiendo fuerza con el correr de los años. Somos los que nos enfrentamos a lo normal para decir que no es la única manera de vivir.

Nos suelen llamar la generación Millennials, a mi me gusta llamarnos la generación valiente. Porque tocamos estructuras incuestionadas por decenas de años y fuimos capaces de atrevernos a decir “no”.

¿Cuál ha sido la consecuencia?

Que no vivimos para trabajar, sino que estamos practicando en la medida de nuestras posibilidades, el trabajar para vivir.

“No puede aprender intelectualmente una persona que está dañada emocionalmente”
– Alberto Fraile

No nos sometemos a una manera de hacer las cosas, somos capaces de buscar nuevas e incluso mejores. Cuestionamos porque somos una generación donde la consciencia está más presente.

No seguimos la normalidad de tener hijos a una cierta edad (25 a 30 años). O de tener el mismo trabajo esperando que nos den un puesto a base de dedicarle 8 horas cada día el 98% del año.

No compartimos el trabajo sin libertad. “Nómades Digitales” es una terminología para trabajar desde cualquier lugar del mundo con solo un ordenador e internet.

Hemos ampliado las fronteras mentales y también físicas.

Y así podría seguir enumerando asombrosos ejemplos de esta generación de valientes.

“Nunca hables de ti sin concederte la posibilidad de cambiar”
-Gurdjíeff

¿Qué pasa con el corazón de los adultos de treinta años?

Esa pregunta es clave, fundamental.

Somos los que recibimos patrones ciegos y normalizados de nuestros padres, abuelos y ancestros. Por ejemplo, la autoexigencia, el trabajar más allá de los límites, el sacrificio, la sobrevaloración del esfuerzo, la incapacidad de parar o descansar, los juicios hacia nosotros mismos por no tener un hogar, una familia, algo “establecido”.

Somos los que lloramos las lágrimas de decenas de años. Los que estamos atravesando miedos que ya no nos van a determinar como antes nuestras vidas.

Somos valientes porque somos una generación que recibió las heridas pendientes, y los juicios normalizados. Somos los que a veces nos ahogamos en una soledad sin referentes por atrevernos a escuchar algo más real que lo llamado “normal”.

Entonces la década de los treinta hemos visto el esfuerzo realizado desde los 18 o antes, hasta llegar a los 30 estudiando, formándonos, especializándonos, para tener una cierta cuota de conocimiento y sabiduría, para ganar un lugar en el mundo, entre los adultos, entre la sociedad.

Y lo que dice Denise en la frase del inicio es cierto. Hay una frustración dolorosa de que nuestras referencias vienen del pasado y no del presente. Entonces observamos a nuestros padres que a nuestra edad tenían hijos, una propiedad o en camino por ello, un trabajo estable en el mejor de los casos, y una estructura que se podía ver a 100 kms de distancia.

Con la lupa de la comparación, sucede que nos hacemos daño. “No tengo lo que mis padres tenían” y es porque tampoco eres como ellos. Vienes de tus padres y vas camino a ser algo diferente.

Ese punto es clave.

Porque la frustración puede afectar cada paso, esfuerzo, e intento de ir más allá. A mí me paso por ejemplo que mi familia me cuestionaba por no seguir un camino claro o tradicional de estabilidad económica, hasta que después de cuatro años emprendiendo en España, contemplaron que puedo vivir bien de lo que hago. Sus dudas cayeron, cuando sus miedos no tuvieron espacio sobre mi vida. Lo mismo sucede con la frustración cuando dejas de observar tu vida en relación con el pasado.

“Cerca del equilibrio, podemos encontrar fenómenos repetitivos y leyes universales. A medida que nos alejamos de él, nos desplazamos de lo universal a lo único, hacia la riqueza y variedad. Está, sin duda, es una característica bien conocida de la vida”
-Fritjof Capra

Hay más ganas de disfrutar la vida. De no esperar la jubilación para vivir la experiencia de estar vivos. Más consciencia de la alimentación, el cuidado del cuerpo, estar sanos antes de esperar estar enfermos.

Un boom del interés por la consciencia, movimientos femeninos e incipiente interés por los hombres de ir más allá del patriarcado para vivir lo masculino, nuevos géneros y tendencias sexuales, mayor respeto a la diversidad, deseos de integración, más espacios de comunidades autogestionadas, respeto por el cuidado de la naturaleza, etc.

Hay una proliferación de valores humanitarios que poco a poco hace que nuestra generación o al menos una parte cada vez mayor de ella, vivamos una ética en que mi cuidado también comienza por el cuidado del mundo y de los otros.

La crisis de los treinta es un regalo. No tenemos una propiedad y tal vez tampoco hijos aún. Sí tenemos mayor presencia en el presente, calidad de vida en lo sencillo, cuidado y amor propio, y capacidad de crear nuevas formas de trabajo que antes eran solo de ciencia ficción.

“Lo que el futuro nos depara depende de nuestro estado de consciencia en el momento presente”
– Eckhart Tollé

La frustración de los treinta puede pasar a la inspiración de los treinta: “no sigo referencias anteriores, me atrevo a crear mi presente, a vivir la vida lo más honesta y auténtica posible”.

Tal vez estamos viviendo a un ritmo distinto. Tal vez estamos recuperando antiguas maneras de amar a la vida y construyendo nuevas, donde los momentos y ciclos están más relacionados con un reloj del alma, del corazón, de tu esencia y el amor…

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