El cerebro como sociedad: la importancia de las conexiones y de una conciencia colectiva

El cerebro como sociedad: la importancia de las conexiones y de una conciencia colectiva

Hoy en día conocer cómo funciona nuestro cerebro es importante también para aquellas personas que no trabajan en el campo de la medicina o de la psicología. Al final, es gracias a nuestro cerebro que somos lo que somos, que decimos lo que decimos, que hacemos lo que hacemos, pero sobretodo, es el que nos permite tener una experiencia unificada de la realidad. Habiendo estudiado neurociencia, sé cuánto puede ser de difícil para alguien que no le es familiar la terminología biológica y científica, para entender libros y revistas sobre el cerebro. Por ello, intentaré en este artículo hablar sobre el cerebro desde un enfoque menos técnico y más creativo.

Podemos imaginar el cerebro como si fuese una gran sociedad. Por ejemplo, la sociedad occidental en la que vivimos. Imaginemos que cada neurona es un individuo y que, como pasa en nuestra sociedad, cada individuo es único y tiene una función específica, pero que solo puede trabajar bien si está conectado con los demás. Si un individuo está aislado o tiene conexiones muy flojas con los demás, seguramente no estará bien consigo mismo y no podrá desarrollar su función en la vida como podría hacerlo si no fuese así; lo mismo pasa con las neuronas. Las neuronas están divididas en grupos dependiendo de su localización, al igual que los individuos que forman parte de una comunidad. Como pasa en la vida real, hay una jerarquía con grados de importancia y relevancia, ya que existen ciudades, regiones y naciones así como existen empleados, empleadores,  equipos, pequeñas empresas, grandes empresas, multinacionales y agencias. Podemos pensar en la organización estructural del cerebro de la misma manera: hay núcleos, es decir grupos de neuronas pequeños, medianos y más grandes que forman una jerarquía y hay conexiones entre estos grupos para que todo pueda funcionar de manera armónica y estructurada. Cada uno de estos núcleos tiene una función precisa debida a la posición que ocupan en la estructura cerebral, así como los miembros de una sociedad tienen una función precisa dependiendo del rol social y de la posición que ocupan.

En la misma medida en que cada grupo de estas neuronas es esencial e indispensable para un correcto funcionamiento cerebral, cada ser humano es indispensable para un correcto funcionamiento de la sociedad. La acción de cada grupo de neuronas o de un individuo, siempre tiene un efecto sobre la totalidad.

En nuestra sociedad actual las personas tienden a sentirse aisladas, solas, sin un propósito en la vida y sin sentido de pertenencia a una comunidad que les refleje. En la sociedad occidental, es más fuerte el concepto cultural de competición, de individualización y de independencia que los de comunión, intercambio y totalidad. Imaginamos que pasaría en el cerebro si también las neuronas estuvieran siempre sintiendo la presión de competir para ser las mejores, si fueran completamente independientes unas de las otras y se sintieran tan individuales y sin formar parte de una totalidad como para no necesitar el apoyo y la conexión con las otras: la mayoría de las funciones que nos permiten construir la realidad que experimentamos en cada momento no estarían allí. A lo mejor tendríamos una percepción de la realidad fragmentada, o incluso más realidades, seguramente una constante incertidumbre entre percepciones diferentes y un fallo en las funciones cognitivas que permiten a los seres humanos ser animales tan complejos y especiales.

En el cerebro existen, diferentes tipos de conexiones: estructurales, funcionales y efectivas. Resultados de estudios científicos han demostrado que el córtex cerebral está formado por grupos de áreas corticales densamente y mutuamente acopladas que están interconectadas a nivel global. Todavía no hay una teoría unificada sobre los detalles de la relación entre estos tres tipos de conexiones, pero los principios potenciales propuestos por el neurocientífico Tononi y su grupo, en 1994 que unifican estos tipos de conexiones son: los de segregación y los de integración. Estos son principios complementarios, ya que el primero implica la existencia de neuronas y áreas especializadas, organizadas en distintas poblaciones neuronales y agrupadas para formar juntas áreas corticales segregadas mientras que el segundo, la integración, supone la coordinación de la activación de poblaciones neurales distribuidas, permitiendo así, la emergencia de estados cognitivos y conductuales coherentes.

Estos mismos principios también se pueden ver reflejados en nuestra sociedad en diferentes grados, ya que cada uno de nosotros,  cada disciplina, cada ramo de conocimientos y cada departamento de la sociedad están segregados y forman distintos grupos especializados. Es, pero, solo gracias a la integración de los seres humanos diferentes, de poblaciones diferentes, de ramas de conocimientos diferentes y de departamentos diferentes que la sociedad, en cuanto totalidad y colectividad, puede llegar a tener un estado coherente, una conciencia colectiva digamos.  Las conexiones, tan humanas como neurales, por lo tanto, son esenciales para un correcto desarrollo de funciones vitales.

Así como el bienestar de nuestro cerebro depende de la eficacia de sus conexiones, nuestro bienestar como seres humanos está basado en reconocer nuestra unicidad pero también en aceptar la interdependencia con los demás, esta sensación de ser parte de algo más grande y sobretodo de entretener conexiones significativas en las cuales nuestra unicidad está respectada y protegida y que, a la vez, nos aportan algo que va más allá de nosotros expandiendo nuestro mundo.

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