¿Cómo influencia el piloto automático a nuestro desarrollo personal?

¿Cómo influencia el piloto automático a nuestro desarrollo personal?

¿Estamos seguros de ser conscientes de lo que hacemos o decimos y del por qué en cada momento?

 

Estoy segura que todos, o casi todos, automáticamente e instintivamente contestaríamos a esta pregunta con un “sí, yo sí!”. Parémonos, pero, un momento a reflexionar de lo que de verdad somos conscientes.

En nuestras actividades cotidianas, hasta en las más sencillas como preparar el desayuno, vestirnos o conducir el coche, nos sentimos autores de estas acciones de una manera que nos permite decidir iniciar y controlar dichas actividades. ¿Es de verdad así? ¿Estamos intencionadamente y conscientemente decidiendo en cada momento qué acción hacer, como hacer un movimiento, cuando parar de hacerlo o decidiendo el contenido de nuestros pensamientos?

Este artículo tiene como objetivo centrarse en la reflexión sobre la importancia de estar en alerta: es decir, estar de verdad conscientes de nosotros mismos superando nuestros automatismos y haciéndonos preguntas que nos pueden hacer llegar a ser más conscientes de nuestros estados interiores, emociones y pensamientos.

Si paramos un momento a reflexionar, de hecho, podemos ver que cada día reaccionamos a nuestro entorno casi siempre de la misma manera. Esto es algo simple de entender si conocemos como nuestro trabaja nuestro cerebro.

Por ejemplo, si por la calle nos cruzamos con un amigo y él nos pregunta: “¿Cómo estás?” con el 99% de probabilidad vamos a contestar automáticamente “¡Bien, gracias! ¿Y tú?” a pesar de que hemos tenido un día terrible y nos sentimos estresados. ¿Cuántas veces nos ha pasado algo parecido? ¿Cuántas veces decimos algo o hacemos algo y en seguida tomamos consciencia de que, en realidad, no queríamos decir o hacer dicha cosa? Apuesto que esto es algo que nos pasa a diario a cualquiera de nosotros y aún con más frecuencia a todas aquellas personas que no han tomado todavía consciencia de los automatismos de su mente.

Voy a facilitaros otros ejemplos. Cuando estáis caminando y vuestra mente está vagando, es muy probable acabar en un lugar donde soléis ir pero que esta vez no era el sitio donde queríais ir. O ¿Os acordáis de las primeras veces que condujisteis un coche? Seguramente estabais poniendo atención al entorno y a todos los movimientos y acciones que estabais haciendo. Una vez que os sentisteis seguros, después haber conducido un tiempo y repetido las mismas acciones muchas veces, habéis dejado de estar alerta y vuestro cerebro ha entrado en piloto automático.

Desde entonces, cada vez que conduzcáis vuestro coche ya no tenéis que pensar y prestar atención a como movéis el pie, sobre que pedal presionar o que marcha poner: hasta podéis cantar música o hablar por el móvil mientras estáis conduciendo (claramente con el manos libres, ¡por favor!).

Estos simplemente son sencillos ejemplos de cómo nuestro cerebro trabaja de manera automática y mecánica, a no ser que estemos conscientemente presentes en el aquí y el ahora. Nuestro cerebro entra en piloto automático con todas las habilidades y con todos los patrones conductuales que aprendemos. Después de unas cuantas veces de repetición de los mismos patrones de actividad, de movimientos o de conducta, estos se vuelven automatismos adquiridos a través de las experiencias. Lo mismo pasa con nuestros pensamientos: nuestras interpretaciones de la realidad, que se han ido reforzando con los años y las experiencias, se vuelven automáticas.

El piloto automático es un don, ya que nos permite enfocar nuestra atención y atender a otros estímulos mientras realizamos otras tareas. El problema surge cuando nos quedamos atrapados y seguimos actuando como autómatas dejando que estos mecanismos automáticos subconscientes decidan por nosotros sin que nos demos cuenta de ello. En este caso, es nuestra mente subconsciente que elige en cada momento lo que vamos a hacer o decir, volviendo a proponer los mismos patrones de pensamiento y creencias consolidados en el tiempo.

Como explicaba de manera más exhaustiva y detallada en el artículo anterior, no tenemos un acceso directo y una representación univoca de la realidad ya que nuestro cerebro construye una representación del mundo exterior que siempre depende del filtro de nuestros sentidos, estados emocionales, creencias y experiencias pasadas. Así que si de verdad queremos seguir evolucionando y creciendo en nuestro camino de desarrollo personal el paso más importante es empezar a tomar conciencia de estos automatismos y esforzarnos en estar en alerta en cada momento.

A nuestra mente le encanta todo lo que es familiar, estamos atraídos por todas aquellas informaciones o situaciones que confirman nuestro modelo de la realidad. Fijarnos en como incluso las personas con las que creamos conexiones más significativas son individuos que comparten la mayoría de nuestras creencias y han vivido experiencias parecidas. Este es un mecanismo automático común entre todos los seres humanos, estamos programados para reducir nuestro repertorio de experiencias que confirman nuestro modelo de la realidad. Pero, como seres humanos, también tenemos una capacidad única: la de la metacognición, es decir, poder tomar consciencia de nuestra capacidad de pensar y de los mecanismos que están detrás de nuestras decisiones, creencias o acciones, es decir de nuestros automatismos.

Cuando tomamos consciencia de los automatismos y de los procesos subconscientes que dictan nuestra interpretación de la realidad, inevitablemente nuestro nivel de consciencia aumenta. Desafortunadamente pero, tomar consciencia de ellos no es bastante para poderlos eliminar y substituirlos con nuevos patrones de pensamiento y de conducta de una manera que sea definitiva.

Desaprender algo y debilitar patrones automáticos no es un proceso rápido y sencillo. Un ejemplo que nos puede dar una clara prueba de ello es el experimento de la bicicleta al revés propuesto por el divulgador científico estadunidense Destin Sandlin.

Con este experimento, Destin Sandlin ha demostrado cómo nuestros patrones de pensamiento son mucho más rígidos y difíciles de cambiar que los de un niño y como el conocimiento no implica la comprensión. Todos hemos aprendido a ir en bicicleta cuando éramos niños y una vez aprendida e integrada la secuencia de acciones y comprendido como hacerlo, el algoritmo se ha programado en nuestro cerebro para poder ir en bicicleta de manera automática, sin tener que pensarlo. ¿Qué pasaría si nos pidieran montar en una bicicleta en la que al girar el manillar hacia un lado, la rueda se moviese hacia el lado contrario?

Destin Sandlin, después haber probado montar en esta bicicleta al revés, ideada por un amigo ingeniero, pidió a mucha gente durante diferentes conferencias que intentaran montar en ella. Visiblemente al principio, todo el mundo, pensando haberlo entendido, creía poder hacerlo sin problemas. Las instrucciones eran sencillas de entender: cuando doblas el manubrio a la izquierda, la rueda dobla a la derecha. Lo que en realidad pasó durante este experimento es que todos los que intentaron ir con la bicicleta al revés en seguida se caían y no conseguían avanzar ni un metro. El hecho más curioso, es que al creador del experimento le costó ocho meses de entrenamiento conseguir montar en bicicleta al revés, mientras que a su hijo de ocho años solo le costó dos semanas lograrlo.

Este hallazgo se debe al hecho de que los niños tienen un cerebro mucho más plástico comparado con el de los adultos, ya que las conexiones entre diferentes áreas cerebrales todavía no son tan rígidas, debido a la repetición de las mismas experiencias como pasa con los adultos. Entonces, les resulta más fácil actualizar sus modelos. Otro hallazgo curioso de este ensayo es que, una vez que hemos conseguido asimilar un nuevo modelo y creado así también un nuevo patrón de actividad en nuestro cerebro, cuando queremos volver al antiguo patrón, por ejemplo montar en una bicicleta clásica, al principio nos resultará difícil, aunque después de pocos intentos, este se vuelve a activar y conseguimos ir en bicicleta sin ningún problema.

¿Qué quiero decir con todo esto? Que cambiar, mejorar algunos aspectos de nosotros mismos, seguir creciendo y evolucionando como individuos y como especies es posible, aunque requiere paciencia y esfuerzo por parte de uno mismo.

Los seres humanos somos los únicos animales capaces de reflexionar sobre sí mismos, de hacerse preguntas, investigar y de descubrir cuáles son las leyes de la naturaleza que regulan el mundo en que vivimos.

El famoso astrónomo, astrofísico, cosmólogo, astro biólogo, escritor y divulgador científico estadounidense Carl Sagan decía que “somos polvo de estrellas que piensa acerca de las estrellas. Somos la forma en la que universo se piensa a sí mismo”. Además, también afirmaba que “vivimos en una sociedad exquisitamente dependiente de la ciencia y la tecnología, en la cual prácticamente nadie sabe nada acerca de la ciencia o la tecnología” y esto no podría ser más verídico.

¿Entonces, por qué no aprovechar plenamente las capacidades de nuestro cerebro y de todos los hallazgos que la ciencia nos ofrece? La idea de que no se puede cambiar a uno mismo es errónea, es una creencia antigua que se ha ido transmitiendo de generación en generación cuando todavía se creía que el cerebro de los adultos era imposible de modificar.

Ahora gracias a la ciencia ya sabemos que no es así, que aunque sea más difícil y que requiera más tiempo, ya que el cerebro adulto necesita muchas más experiencias para poder actualizar su modelo de la realidad, con un poco de voluntad y de esfuerzo se puede modelar su actividad.

¿No estás plenamente feliz y satisfecho de tu vida? ¿Te sientes estancado en un lugar que no te pertenece? ¿Tienes la sensación de no ser plenamente dueño de tu vida? ¡Haz algo diferente, hay muchas posibilidades para salir de este estado, simplemente tu cerebro y sus patrones son tan rígidos que no te permiten verlas!

 

Muchas personas que vienen a probar el Neurofeedback, por ejemplo, una de las primeras preguntas que me suelen hacer es cuánto tiempo tardarán en notar resultados y al contestarles que requiere tiempo y algunas sesiones, porque el cerebro necesita una cantidad de experiencias elevadas para poder formar nuevas conexiones y debilitar las antiguas y consolidadas, se desaniman. Desafortunadamente, pero, el cerebro funciona así y estos mecanismos, como por ejemplo los automatismos y las resistencias al cambio, tienen un objetivo evolutivo y son parte de nuestra programación biológica.

Descubrir cuáles son nuestras automatizaciones y comprender como funciona nuestro razonamiento, nos confiere la potencialidad de ser conscientemente e intencionadamente dueños de nuestra vida. Nuestra mente puede ser nuestro peor enemigo, ya que el cerebro tiene un sesgo hacía la negatividad que nos ha permitido sobrevivir como especies, hasta que no comprendamos y seamos conscientes de sus mecanismos: solo así, la mente podrá volverse nuestra mejor amiga.

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