¿Cómo controlamos nuestras respuestas emocionales?

¿Cómo controlamos nuestras respuestas emocionales?

En el último artículo presente algunas de las teorías más influyentes que han sido propuestas a lo largo de los últimos años sobre las emociones. Como conclusión, presento la teoría de las emociones construidas, propuesta por la neurocientífica Lisa Feldman Barrett.

Evidentemente, afirmar que las emociones dependen de nuestra interpretación de los estados físicos implica que somos responsables de ellas.

Muchos pensaran que si fuese tan fácil de hacer como de decir, conseguiríamos cambiar nuestras interpretaciones sin sufrir alteraciones emocionales y trastornos del estado de ánimo.

 

¿Cómo regulamos las emociones?

En primer lugar, es importante subrayar que las emociones no nos fuerzan a responder de una manera en particular, solo hacen que una respuesta sea más probable que otras. Por ejemplo, frente sensaciones físicas muy desagradables e intensas, como puede ser un ataque de ansiedad, somos más propensos a elegir la estrategia de represión. La represión es, de hecho, una de las dos estrategias más comunes de regulación emocional, junto con la revaluación cognitiva.

A través de la represión, que puede ser una elección deliberada así como automática, baja el nivel expresivo de la emoción, pero la experiencia consciente es igualmente intensa. Incluso, la respuesta fisiológica aumenta de intensidad debido al esfuerzo de inhibición de la respuesta expresiva asociada con la emoción.

Estudios científicos han probado que las personas que suelen utilizar esta técnica a menudo suelen probar más emociones negativas y menos emociones positivas. Además, reprimir las emociones está relacionado con una mayor afectación del rendimiento cognitivo, sobretodo de la memoria (Richard & Gross, 2000).

Contrariamente, la estrategia de revaluación cognitiva no parece afectar a la experiencia de las emociones positiva ni tampoco tener un coste cognitivo.

La revaluación cognitiva consiste en un proceso de reconstrucción de la situación con el objetivo de disminuir su impacto emocional. Si por ejemplo,  antes de una charla importante o de una entrevista de trabajo nos sentimos tensos, podemos cambiar la interpretación de la situación privándole de su valencia emocional.  En casos como estos, reevaluar la situación podría consistir en pensar que hemos afrontado retos más difíciles o que estamos lo suficiente preparados por ello.

 

¿Pero por qué, a pesar de saber que tenemos el poder de cambiar nuestras interpretaciones emocionales, muchas veces seguimos sintiendo vacío, frustración o ansiedad?

Hoy en día en la sociedad occidental estamos acostumbrados a vivir en condiciones de competencia continua. Esto  nos lleva a vivir ritmos trepidantes y que generan estrés.

El estrés es una respuesta automática y natural de nuestro sistema nervioso que nos permite sobrevivir en entornos arduos. Durante un episodio de estrés el córtex activa los centros emocionales del cerebro, que empiezan a enviar mensajes de alerta a todo el cuerpo. De este modo, el sistema nervioso simpático  y la glándula suprarrenal se activan, liberando así adrenalina y cortisona. Así mismo, la parte del cerebro responsable por la regulación emocional, es decir la corteza prefrontal, pierde momentáneamente el control sobre los centros emocionales.

Si imaginamos el cerebro como a una orquestra de música, la corteza prefrontal sería el director de orquesta ya que dirige todas las funciones más elevadas que los humanos podemos desarrollar:

  • El control de arriba-abajo sobre nuestros instintos e impulsos;
  • La atención y el focus;
  • La expresión de la personalidad;
  • La inhibición de conductas;
  • La toma de decisiones;
  • La recuperación de memorias.

Debido a factores epigenéticos muchas personas tienen el sistema nervioso simpático con un  umbral de excitación más bajo que otras, por lo cual son más propensos a sufrir estrés y son más susceptibles a una regulación emocional inadecuada.

 

¿Entonces, cuál es el camino para los que sufren más el estrés?

Por aquellas personas es aún más esencial remediar y controlar el nivel de estrés a través de actividades como por ejemplo, dar un paseo de media hora al día, controlar la alimentación, hacer regularmente deporte, yoga o la meditación.

Igualmente, en algunos casos, tener uno o más de estos hábitos no es suficiente para conseguir bajar el nivel de ansiedad y frustración.

Especialmente bajo condiciones estresantes, controlar deliberadamente nuestra respuesta emocional puede resultar difícil. Por lo tanto, es importante estar en alerta para poder detectar qué estrategia suele elegir nuestro cerebro. Además, como ya he explicado en los otros artículos, también la regulación emocional puede ser un patrón automático que no necesita de nuestra voluntad consciente.

Cambiar nuestros patrones subconscientes y automáticos ahora es posible, gracias al desarrollo científico tenemos las herramientas para entrenar nuestro cerebro para tener una actividad más sana y funcional. Esto se puede lograr a través de técnicas como el Neurofeedback o el Mindfulness.