Amor propio

Amor propio

Hoy en día todo el mundo habla de amor propio y de la importancia que esto tiene para nuestra felicidad. En verdad, o por lo menos en la mayoría de los casos, muy poca gente sabe lo que realmente se entiende cuando se habla de amor propio.

Desde pequeños nos viene enseñada la importancia de amar al prójimo, de ser bueno con los demás, de sacrificarse para los otros y así podernos sentir valorados. La dura verdad es que no se puede amar al prójimo genuinamente si antes no nos amamos a nosotros mismos, que por mucho que seamos buenos nadie nos podrá valorar como tal hasta que primero no lo hagamos nosotros. Es lo que en la escuela, en la iglesia o en familia no nos están enseñando. Así que es la tarea de cada uno de nosotros encargarse de construir su amor propio a lo largo de la vida. No tenemos ninguna culpa por no haberlo hecho hasta ahora ya que no nos han educado, pero tenemos la responsabilidad de empezar a hacerlo en cuanto nos demos cuenta.

Antes de todo definimos lo que es el amor propio:

El amor propio es un estado interior de cada uno de nosotros que nos confiere una estabilidad psicoemocional y una fortaleza para navegar y afrontar los obstáculos de la vida con seguridad. El amor propio es la capacidad de hablarse de manera gentil, de tener compasión por uno mismo, de conocer, aceptar y respetar el hecho que no somos perfectos y que, como todo el mundo, tenemos debilidades y capacidades únicas que no tienen que ser iguales a las de los demás. Así que el amor propio se podría definir simplemente como la habilidad de amar nuestra propia unicidad.

En una sociedad así conformista, así superficial, con principios y categorizaciones rígidas y con más mascaras que rostros es fácil entender, entonces, que es una tarea difícil construirse un amor propio estable y resistente a las críticas, a los fracasos, a los problemas que constantemente van apareciendo.

Es una tarea difícil, es verdad, pero no es imposible. Como con cada habilidad nueva que nuestro cerebro tiene que aprender al principio parece algo que no podemos hacer, pero con pequeños esfuerzos y paso por paso cada día se puede construir y lograr. Es como crear una fortaleza poniendo día a día una pieza más, partiendo de la base hasta llegar a construir un maravilloso castillo.

Para conseguir que nuestro castillo sea resistente tenemos que trabajar en ello cada día poniendo toda la motivación y las ganas que tenemos. Invertir en el crecimiento interior, al final, solo es invertir en nuestra vida: en nuestro trabajo, en nuestra salud, en nuestras relaciones, en nuestros sueños.

¿Cómo se puede, entonces, construir el amor propio?

El primer paso es permanecer conscientes y enfocar nuestra atención en nuestro interior aprendiendo a identificar nuestros estados interiores para así actuar de manera conforme a ellos y no a lo que la gente quiere de nosotros. Cuando la gente que nos conoce note este cambio de actitud muy probablemente intentará hacernos sentir culpables para, por fin, empezar a respetar nuestras necesidades, nos podrán decir que nos hemos vuelto egoístas: la verdad es que el sano egoísmo no daña a nadie y si todos pudiéramos entender la importancia del amor propio nadie sería egoísta y todo seríamos sanos egoístas y podríamos así amar de verdad.

Aunque entonces, frente a críticas, vuelvas a sentir la necesidad de actuar en función del deseo de ayudar y cumplir con las necesidades de los demás entrena tu cerebro a resistir a este impulso y este patrón automático poco saludable.

Empieza a tomar tiempo para ti, escucha tu cuerpo, respecta sus necesidades, cuida de él de todas las maneras que puedas y no tengas miedo a decir “no”, a poner sanos límites entre tú y los demás, no tengas miedo a quedarte solo contigo. Llega al punto en lo que quieres de verdad empezar a conocerte, como querías conocer tu pareja al principio de la relación, con la misma ternura y la misma gana. Pregúntate: ¿Quién soy yo? ¿Cuál son mis valores, mis necesidades? ¿Cuál es mi sueño y que quiero conseguir en la vida?

Además, a las personas muy sensibles y muy empáticas normalmente les cuesta saber poner límites, saber decir que no, saber cerrar una y más relaciones tóxicas con gente que las necesita para que se cuiden de ellos, para que llenen este vacío interior que sienten. Si te reconoces como una de estas personas entonces empieza a poner el enfoque de tu atención en cómo te sientes cuando estás alrededor de estas personas tóxicas y no tengas miedo a alejarte de ellas empezando a imponer tus derechos y tus necesidades.

Otro paso necesario para que nuestro castillo de amor propio tenga base sólida es aprender el arte del perdón: no te sientas culpable para probar rabia, frustración, tristeza, aprende a aceptar y vivir estas emociones en la misma manera en la que vives la felicidad, la alegría, la satisfacción. No reprimir ninguna emoción, acéptala tal como es, con todas sus consecuencias, déjala correr en tus venas, observa donde quiere llevarte, empieza a descifrar el mensaje que quiere enviarte. Las emociones son como una guía para nuestra conducta y nuestro camino en la vida, si reprimes algunas de ellas no podrás seguir tu camino y a lo mejor incluso te quedarás estancado donde estás, sufriendo tus penas y las de los demás sin saber por dónde surge todo este sufrimiento y malestar que estas probando.

Perdónate a ti mismo por probar rabia, por probar tristeza, por probar frustración y así que podrás también perdonar a toda esta gente que te genera estas emociones y no proyectársela de vuelta. Acuérdate que cada vez que tienes rabia es como llevar en tu mano una flama y esperar que el otro sienta dolor.

Nadie es perfecto, todos cometemos errores, a veces algunos cometen más errores que otros pero esto no es una buena razón para castigarse por ellos eternamente. Si sigues castigándote, machacándote cada vez que comités un error estarás simplemente reforzando este patrón cerebral y conductual. Acepta tu humanidad, acepta de equivocarte e intenta tomar conciencia cada vez que tu mente vuelve a empezar un dialogo negativo, párate a observar, respira y prueba a cambiar la forma en la que te hablas, siendo gentil como lo serías con un ser querido que ha cometido un error.

Otra técnica para mejorar la relación que tenemos con nosotros mismos y hacer que nuestra mente aprenda a vernos con ojos diferentes y más cariñosos es cambiar la manera en la que nos ponemos una pregunta, próxima vez que crees de haber cometido un error o que percibes tus circunstancias como un fracaso en lugar de preguntarte: “POR QUÉ de nuevo he actuado como un tonto, POR QUÉ nunca aprendo como relacionarme con los demás etc.? Empieza a preguntarte: ¿CÓMO puedo hacer para que esto no se vuelva a repetir? CÓMO podría mejorar mi conducta la próxima vez que me encuentro en una situación parecida?

Remplaza el por qué con el cómo y verás cómo poco a poco estarás dando la oportunidad a tu mente de realizar y explorar nuevas posibilidades, de empezar a percibir las cosas desde otras perspectiva y de ver los problemas como retos y posibilidades para mejorar.

Déjate el tiempo de empezar a amarte, no te presiones si todavía te parece que no lo estas logrando, se paciente contigo, trátate con gentileza y poco a poco empezarás a ver los resultados en tus relaciones, en tu situación laboral, en tu salud y sobretodo en tu bienestar psicológico. Y no olvides que todo empieza y acaba contigo, así que coge coraje y empieza a construir la vida que quieres y crees de merecer, porque nadie te va a amar y valorar más de lo que tú mismo puedes hacer y cuanto más lo harás más verás como también los demás empezaran a hacerlo.