Cómo beneficia la terapia del EMDR en cada paciente

Cómo beneficia la terapia del EMDR en cada paciente
Cómo beneficia la terapia del EMDR en cada paciente

Desde el año  1987 empezó a aplicarse en el campo de la psicología una nueva técnica conocida como terapias EMDR que se utiliza hoy en día para tratar dificultades emocionales ocasionadas por la vivencia de experiencias traumáticas y que han dado lugar a fobias y ataques de pánico, entre otros. Esta terapia fue creada por la Doctora Francine Saphiro que, tras diversos experimentos, descubrió que podía reducir de manera considerable los síntomas del Trastorno de Estrés Post Traumático. Notó que los movimientos oculares en determinadas condiciones pueden disminuir la intensidad de los pensamientos perturbadores. De esta forma, diseñó una terapia para procesar los recuerdos traumáticos, cambiar creencias autolimitantes y desensibilizar emociones y sensaciones negativas.

Durante la aplicación de la terapia, el profesional trabaja con el paciente con el objetivo de detectar el problema específico.

El paciente cuenta el incidente traumático y a partir de entonces es ayudado por el especialista para seleccionar los aspectos que más angustia le generan. Mientras va haciendo movimientos oculares, van viniendo a su mente otras partes del recuerdo u otro tipo de recuerdos. Movimientos que se interrumpen cada cierto tiempo para comprobar que el proceso se está llevando a cabo correctamente. Consta de 8 fases y se usan protocolos específicos para ir incorporando sensaciones relacionadas con la experiencia traumática.

Tal es el éxito de estas terapias que actualmente hay más de 50.000 terapeutas en todo el mundo especializados en ella, como los profesionales de terapia EMDR en Barcelona que trabajan en nuestra clínica de psicología. La mayor ventaja es que se trata de un tratamiento más corto que los tradicionales, los resultados son más eficientes y duraderos y los cambios en la psicofisiología son profundos. Además, el paciente es protagonista de su propio proceso y es quien lleva el control de la terapia. Con lo cual, el terapeuta se convierte en un mero acompañante que va guiando el proceso.

Cuando una persona sufre experiencias muy fuertes que superan la capacidad del cerebro para procesarlas, es como si dentro de la cabeza quedará incrustada una pelota de emociones, pensamientos, imágenes y sensaciones físicas almacenadas en forma disfuncional. Con lo cual, si se encuentra en el presente con alguna situación o sensación similar a la experiencia original, aparecerán los mismos síntomas.

El EMDR lo que hace es procesar, desensibilizar e integrar la experiencia original en el resto de redes de memoria para que deje de perturbarla.

Está demostrado que esta terapia funciona con personas que han sufrido accidentes, asaltos, experiencias de desastres naturales, violaciones e intervenciones quirúrgicas complicadas. Pero también se utiliza para tratar fobias, crisis de pánico o síntomas que impidan al paciente hacer vida normal, aunque no exista ninguna explicación biológica.

Cuando se trata de casos más complejos, en los que la persona ha vivido experiencias traumáticas más crónicas, como el maltrato o el abuso sexual por parte de algún familiar, el EMDR también resulta muy eficaz para superarlos, aunque es necesario realizar más sesiones para completar el tratamiento.

En el caso de cuadros psiquiátricos de origen más biológico, como la bipolaridad o la esquizofrenia, no es tan recomendable, ya que no existen suficientes pruebas realizadas con este tipo de pacientes que garanticen resultados eficaces.

En los casos más “puros” la media está en 4-10 sesiones, pero como comentamos, puede que sean necesarias más, pues depende de la persona y del propio trauma que ha sufrido. En casos más complejos, el tratamiento puede ir desde varios meses a incluso años. En cualquier caso, lo cierto es que la duración es siempre más corta que con otras terapias psicológicas. Con la ventaja de que es posible trabajar con niños, donde el EMDR puede integrarse con juegos, cuentos, arte y dibujos, que son más propios del lenguaje infantil. Incluso pueden llegar a tratarse problemas antes de que el niño sea capaz de explicar con palabras lo que le ha ocurrido. Y es que a veces el trauma queda registrado en su memoria y los perturba sin saber por qué y sin ser capaces de expresarlo con palabras.

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